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Sobre el porqué del alto desempleo y de la escasez de trabajo en Puerto Rico

Por Luis Rey Quiñones Soto, Economista

Especial para El Regional

   Las respuestas a por qué el país no tiene una base industrial bien hilvanada que provea trabajo y desaliente el desempleo y la emigración se puede responder desde el sentido común, pero con fundamentos  científicos. Este acercamiento al problema toca dos variables principales que definen y delimitan el dilema; la una política; la otra, económica. 

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   En este escrito la exposición y respuesta al porqué se centra en los aspectos técnicos y económicos. Es decir, el desempleo se combina con las insuficiencias en la creación de puestos de trabajo para emplear la abundante fuerza de trabajo boricua porque la inversión estadounidense produce desde Puerto Rico para el mercado estadounidense, sin mayores  vínculos con los sectores industriales internos que aquí producen para el mercado isleño. Esa  realidad obedece a una lógica sencilla de costos. La empresa privada estadounidense produce con menores costos en Puerto Rico porque utiliza mano de obra barata y regulaciones laxas que disminuyen costos  ambientales. Tampoco  pagan, por Ley  congresional ––Foraker, Jones, 600––, impuestos en Puerto Rico por la importación de maquinaria, bienes intermedios y materias primas que se importan para la producción en grande, en escala, que ha de exportarse al continente. Además la inversión directa estadounidense recibe incentivos y subsidios del Gobierno colonial no disponibles para las empresas de inversión residentes en el archipiélago de Puerto Rico.

   La consecuencia técnica inmediata de esos privilegios a la inversión del americano, legislados e impuestos desde siempre por el americano ––Foraker, Jones, 600––, es una economía de importación y exportación hacia el mercado estadounidense que estable muy bajas relaciones de intercambio con las empresas que aquí operan con inversión criolla. Por tanto, operaciones que generan cuantiosos puestos de trabajo se llevan a cabo en Estados Unidos y no en Puerto Rico. Esta desvinculación entre la inversión externa directa estadounidense y la inversión de la industria local es lo que genera desempleo porque no permite crear suficientes puestos de trabajo para los puertorriqueños.

   Puerto Rico fue incluido en el mercado estadounidense en 1900. Este hecho, legislado por el Congreso del otro, convierte a Puerto Rico en un mercado protegido para la inversión estadounidense. Por consiguiente, añádase para fastidios, que la inclusión de Puerto Rico a ese mercado protege también a la inversión comercial estadounidense. Estas grandes inversiones corporativas, sobreprotegidas y dominantes, inundan el mercado borinqueño y desplazan las posibilidades de crecimiento y afinque de la economía financiada por la inversión residente en estas tierras caribeñas. Aquí, con el comercio y los servicios que la economía estadounidense exporta a Puerto Rico, se dejan de producir también muchos miles de empleos que allá si se producen.

   Son estas razones técnicas y económicas las que explican el maridaje en discordia permanente del ampuloso desempleo con las flacas oportunidades de un puesto de trabajo y son ellas las que avivan la pobreza e incentivan la marginación y la emigración. 

   En Puerto Rico más del noventa cinco por ciento de la población vive de salarios, sueldos, está desempleada o vegeta entre la chiripa y la precariedad. Son pues, los trabajadores, los principales afectados por el andamiaje económico, legislado e impuesto por el Congreso que, al privilegiar la inversión del americano en Puerto Rico, socava y limita la creación de empleos para el isleño. 

Queda entonces, sobre la mesa, el compromiso de desentrañar las patrañas del coloniaje sobre la deuda pública y privada en Puerto Rico.

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