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Nora Cruz: piedra angular en la gestoría cultural de Guayama

Por Sandra Torres Guzmán

Para El Regional

   La historia moderna de Guayama no se puede escribir sin incluir un capitulo dedicado a la gestora cultural Nora Cruz Roque. Eso aseguran otras voces del quehacer cultural en la zona como la poeta Julie Laporte y la escritora Justina Díaz Bisbal.

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   Sin contar a más de un centenar de exalumnos que siguieron los pasos de esta maestra que dejó el sistema educativo para continuar con su labor de sembrar el amor patrio adondequiera que va.

   “Tuve un padre excepcional. Era analfabeta, de aquellos viejitos que no tuvieron la oportunidad de ir a la escuela, dominaba las matemáticas a la perfección y era un ser sabio que conocía mucho de la cultura de nuestro pueblo”, dijo sobre su progenitor Esteban Cruz, que, sin saber escribir su nombre, se encargó de esculpir el pensamiento crítico de una hija que siguió su enseñanza.

   De esas raíces creció un árbol fuerte que empezó a florecer desde la juventud, cuando Nora se insertó en la pedagogía a los 19 años de edad, inyectando toda la energía que recibió en el hogar a través de proyectos que le permitieron desarrollar manifestaciones culturales como baile y teatro, sin la necesidad de “tener experiencia de universidad”.

   Pues en ese tiempo,  los maestros podían ir al campo escolar con tan solo dos años de formación académica.

   “Los primeros tres años los pasé en Arroyo, y con esa codificación de que ‘a ella le gusta todo lo cultural’, y me permitían desarrollar grupos de baile, teatro, sin tener la preparación de universidad, pero sí, la experiencia y el atrevimiento. Eso me llevó a recibir dos veces beca para que me especializara y terminara de estudiar”, explicó Cruz quien tiene una Maestría en Gestión e Investigación Cultural del Recinto de Rio Piedras de la Universidad de Puerto Rico.

   Tanto así que su labor cultural trascendió los planteles escolares del país, en los que avivó el talento de miles de estudiantes mediante un proyecto que resonó en otras tierras. Entre estas, la República Dominicana a donde se codeó con los mayores exponentes de la idiosincrasia quisqueyana.

   Aunque pareciera contradictorio, Nora sorprendió a sus colegas al jubilarse del sistema público cuando cumplió 49 años de edad.  En plena flor de su otra juventud ya había alcanzado tres décadas en el magisterio.

   Pero se jubiló para trabajar en libertad. Ella quería hacer más.

Nora Cruz (1)   Mas nunca dejó de enseñar. Esta vez labró su carrera en colegios privados, universidades e incontables proyectos de carácter social a donde le dio continuidad a su interés de desarrollar valores a través de las manifestaciones culturales.

   Sobre todo, ha sido artífice en el desarrollo de cientos de gestores culturales que siguieron carreras profesionales en la música,  artes escénicas, entre otras. Siempre envueltos en el quehacer cultural, hasta en suelo estadounidense.

   “El partidismo quita nuestra historia para poner la historia que ellos quieren poner. Pero nosotros, los maestros del sistema, pueden quitar lo que sea pero seguiremos siendo maestros, educadores y facilitadores”, afirmó la fundadora de la Liga de Poetas del Sur.

   Es por eso que su esfuerzo va encaminado a clarificar la historia, acorde con la intención del Congreso Afrodescendiente de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), como parte del Decenio Internacional que culmina en el 2024.

   “Los gestores culturales nos hemos propuesto clarificar la historia, porque la raza humana no se define por el color de la piel”, señaló.

    “Ahora mismo fuimos a los libros de texto donde nos ponen al español, rubio, blanco y bonito,  el indio lo más tierno todo el día en una hamaca, y al negro lo ponen feo, grotesco, ojos colorados y con las bembas extremadamente grandes.  Y entonces nosotros empezamos a trabajar con eso, y lo primero que le decimos a  los educadores que nos permiten llevar la historia es que el español que llegó aquí era moro, y el moro es negro, de piel oscura”, sostuvo.

   Esta enseñanza se lleva a las escuelas a través de cuentos, novelas, y en su caso como escritora, ya que además de poesía, escribe cuentos infantiles en los que educa sobre la diversidad. Además, mediante la poesía expresa su sentir del pueblo puertorriqueño entre estos, el poemario “Grito silente de mi pueblo y de mi gente”.

   Mientras tanto, desde el Museo Casa del Poeta Luis Palés Matos de Guayama, sede de la Liga de Poetas del Sur,  esta trabajadora de la cultura se esmera en llevar a su pueblo variedad de actividades culturales libres de costo. Sin dejar de educar a quienes llegan allí.

   “Yo creo en la cultura y creo en la niñez, por lo tanto hay un futuro hermoso. Y al pueblo que apoye a los gestores culturales porque nosotros estamos haciendo un trabajo para el pueblo”, apuntó.

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