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Los 284 años de la fundación de Guayama: una ciudad con historia

Por Dr. Alexis O. Tirado Rivera

Para EL REGIONAL

   Hace 284 años- 1736- el gobierno de España, por conducto del gobernador Matías de Abadía, autorizó la fundación de un poblado en el sureste de Puerto Rico llamado Guayama.

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    Dicho poblado era el principal de la zona, desde la jurisdicción que se conocía de la Malapascua hasta el partido de Coamo, en el sur de Puerto Rico.  Las noticias que se tienen de Guayama, de acuerdo a las crónicas del siglo XVI, datan de por lo menos desde el periodo de la colonización española de la Isla.  Uno de los primeros documentos que nos brinda referencia sobre el Guayama del periodo colonizador, es el del colono Francisco Juancho de Luyando, quien para el año de 1546, solicitaba al alcalde de San Juan, Manuel de Illanes, el reconocimiento por los servicios prestados a su “Magestad”.  De las preguntas formuladas por el alcalde, y por petición del propio Luyando, se encontraba una donde preguntaba a testigos si conocen “… que en esta isla en la vanda del sur en el valle del Humacao ay diez haziendas e un ingenio de azucares, y mas abaxo quatro leguas esta el Valle de Guayama donde yo el dicho Francisco Juancho tengo mis hazienda e granjería e si los dichos Caribes como suelen venir lo que Dios no permita viniesen a cualquiera parte de las dichas por la poca defensa…”.

     Lo que destacaba en esta “probanza” de 1546, era más bien los asuntos que estaban relacionadas a las incursiones que llevaban a cabo los indios Caribes a las costas de la Isla para esa época.  Al parecer, Luyando había sido uno de los colonos que habría hecho frente a los Caribes.  Para ratificar lo señalado por Luyando, uno de los testigos que manifestó la realidad de dicho colono, y de que tenía sus propiedades en el valle de Guayama, lo fue Diego Ramos.  Este era vecino de la ciudad de San Juan y, en sus contestaciones a las preguntas, este afirmaba haber estado en las tierras que Luyando poseía en Guayama.  El testigo Ramos señalaba lo siguiente: “A la octava pregunta dixo que este testigo sabe que en el dicho Valle de Humacao ay las dichas haziendas en la dicha pregunta contenidas e junto dellas el dicho yngenio e dende a las dichas quatro leguas esta el Valle de Guayama donde el dicho Francisco Juancho tiene su hazienda e granjerías porque este testigo a estado muchas vezes en ellas e ha visto que antes que estuviese poblado venían alla los caribes… hizieron mucho daño en aquella costa…”.  Esta afirmación del testigo de Francisco Juancho de Luyando, nos da indicios de que esa primera población mantenía una actividad económica basada, al parecer, en la producción azucarera, de frutos menores y de ganado en la región del valle de Guayama.  Cabe recordar que el extenso valle de Guayama, recorría desde el Cabo de Mala Pascua hasta la jurisdicción de las Salinas, es decir, hasta el territorio de lo que hoy día conocemos como Aguirre.  Un extenso valle donde se han tejido las historias fascinantes de ese litoral.

    Hacia el año de 1582, otra crónica escrita por Juan Ponce de León García y Troche, conocida en nuestra historiografía como la “Memoria de Melgarejo”, afirmaba que en ese valle de Guayama, hubo antes de 1582 varias haciendas que- de acuerdo al cronista- fue despoblado por razón de los ataques de los indígenas provenientes de las Antillas Menores.  Sin embargo, cabe señalar que esta crónica de finales del siglo XVI, establece la importancia de un gran puerto llamado GUAMANI, y la existencia de la desembocadura- posiblemente de un río- llamado GUAYAMA, al este del GUAMANI.  Es importante señalar que en el periodo de la colonización uno de los requisitos fundamentales para la fundación de pueblos era el de contar con cuerpos de agua para las actividades cotidianas y agrícolas.

   Aunque no hay datos poblacionales que nos confirmen el número de pobladores de Guayama, al momento de autorizar a los vecinos la fundación del poblado por parte del gobernador Abadía, en 1765- 29 años después de la fundación del poblado- el enviado del rey Carlos III, el mariscal de campo Alejandro O’ Reilly, informaba a la corona que en el poblado de Guayama durante ese año era de 2,204 vecinos de los cuales 447 eran esclavos que estaban destacados en haciendas de particulares.  Para el año de 1765, el poblado de Guayama ocupaba el octavo lugar de mayor población en la Isla, solo precedido por San Germán, San Juan, Aguada, Añasco, Ponce, Arecibo y Manatí.  Es interesante destacar que al momento de este funcionario visitar la Isla, la población de Puerto Rico contaba con más de 44,000 habitantes.  En cuanto a la economía de Guayama se destacaba una economía tabacalera siendo la principal, seguido por la producción de pimienta de tabasco, café, caña de azúcar, entre otros renglones agrícolas, así como una industria de crianza de mulas, reses vacunos, cerdos, etc…, donde se destaca la importancia de las tierras dedicadas a la crianza en forma de hatos.  No obstante, del informe de este militar irlandés al servicio de la Corona Española, la ciudad de Guayama fue tenía un potencial económico basado en el desarrollo de una industria de sal, dado a los salitrales que éste pudo observar en la zona.

   Cuarenta años más tarde a la fundación de la ciudad, otro cronista del siglo XVIII, el fraile benedictino, Iñigo Abbad y Lasierra, ofreció un cuadro más amplio de la ciudad.  Este señalaba la existencia de una población de 4,589 almas para 1776.  Es probable que estas cifras obedezcan al creciente número de pobladores llegados a la región motivados mayormente por un espíritu de reformas que imperó en la segunda mitad del siglo XVIII.  No obstante, este cronista nos informa sobre la formación de un poblado planificado, aunque no como lo vemos hoy día, por la descripción que nos hace.  Señalaba que “Este pueblo de Guayama es el primero por esta costa desde la ciudad de Puerto Rico, que tiene sus casas congregadas; y serán hasta 200, formadas en un espacioso cuadro, dejando su iglesia y plaza en el centro…”.

    Sin embargo, la observación del paisaje rural guayamés de este cronista del siglo XVIII, es uno interesante donde nos permite viajar remontarnos a esa época.  Decía Abbad y Lasierra en 1776 sobre Guayama: “… al oriente del cabo de Malapascua que es el más meridional de la Isla, a su occidente el de Guayama, que desemboca en el puerto de su nombre, y es muy extenso, pero abierto sin reguardo.  Toda la tierra parece mudar de aspecto al pasar el río de Guayama: la frondosidad de los bosques, la hermosura de los valles y praderas interiores, se ve trocada de repente en un arenal seco, desnudo de la yerba fresca de que está alfombrada la Isla y abrasado por los ardores que la sal le imprime sin obstáculos”.  Sin embargo, por los alrededores de Guayama abundan los arroyos y buena tierra, que muy bien podían ser de gran beneficio para los colonos que quisiesen establecerse en ella.  Guayama, para 1776, contaba con una fabricación de viviendas parecidas a las de la isleta de San Juan construidas en tejas, además, de casas elevadas sobre vigas para evitar las inundaciones en los meses de frecuentes lluvias.  De acuerdo a Abbad y Lasierra, había un gran número de estancias con 209 y solamente se contaba con 9 hatos lo que nos pudiera hacer pensar que el futuro de Guayama estaría en la producción agrícola.  De hecho, en las observaciones de este cronista dieciochesco, la producción de café sobrepasaba a la de caña de azúcar, algodón y tabaco; no obstante, había una creciente crianza de ganado vacuno y la que llamaban de ganado menor, a pesar de establecer en su crónica la existencia de 9 hatos.

    Estos datos del Guayama antes y después del periodo de fundación en el siglo 18 nos permiten observar que la ciudad se mantuvo en constante búsqueda de su propia identidad de pueblo.  A 284 años de su fundación la ciudad sigue encontrándose, precisamente, con su historia e identidad de pueblo.  La llegada en masa de esclavos africanos en el siglo 19 fue fundamental para el desarrollo de encuentros y espacios culturales únicos.  El baile de bomba, en los bateyes de las haciendas azucareras de Guayama, brindó un espacio dentro del espectro económico matizado por las influencias europeas de la época.  Y no podemos dejar de mencionar el urbanismo de la ciudad, único en todo Puerto Rico.  Es por eso que Guayama es una ciudad por derecho propio y de una historia única entre el resto del país.

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