Deportes

La ética en el deporte

Reinaldo Millán

EL REGIONAL

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   La educación física es una de las materias más importantes del currículo escolar, no porque se pueden desarrollar atletas que logren medallas olímpicas, fortunas millonarias y fama ilimitada, sino porque dentro del salón de clases o en la cancha, se pueden poner en práctica todas las materias aprendidas a lo largo de la instrucción pública.

    Como si fuera un gran laboratorio, la Educación Física ofrece la posibilidad de poner en práctica la comunicación oral y escrita, el razonamiento matemático, la geometría, la sociología, la psicología, la estadística, la anatomía, la química, la nutrición, en sus etapas  simples o sencillas, entre otras, pero también, quizá a nivel universitario, federativo y profesional, se entra en contacto con esas materias en un nivel más avanzado, así como se adentra en el mundo de la kinesiología, la economía del movimiento, la estética del deporte y la lógica de cada deporte, pero también da paso al ejercicio de la ética como modelo de vida.

    La ética es la conducta de alta civilización de un ser humano dentro de una situación, oficio o profesión. Hacer lo mejor sin perjudicar a nadie. Superarse sin hacer trampa. Ganar si humillar al contrario. Crecerse sin aplastar al adversario. Esto no quiere decir que no se pueda anotar la mayor cantidad de puntos posibles en un encuentro. De lo que se trata es de no hacer trampa ni hacerle daño al contrario. Un equipo puede ganar por el mínimo haciendo trampa, y otro puede ganar por 100 puntos sin hacer trampa, ni humillar  a los jugadores derrotados.

    En los últimos años hemos visto atletas de alta eficiencia, como Steph Curry, Bryce Harper y Yasiel Puig, hacer gestos que han sido considerados antideportivos y antiéticos, al soltar el bate, quedarse parado o salir trotando de forma burlona contra el contrario y su fanaticada. Eso no quiere decir que no se celebre una gran jugada o un batazo decisivo, sino que hay que no hay hacerlo antes de que la bola salga del parque y antes de anotar la carrera. Claro que hay que celebrar. Reggie Jackson lo hacía. Y a pocos se le olvidan los batazos milagrosos de Carlton Fisk y Kirk Gibson.  En series mundiales.

   En este octubre de series hemos visto a uno de los nuestros, Carlos Correa, celebrar cuadrangulares de alto valor para su equipo. Para algunos fanáticos, pocos, de los Yankees su recorrido fue irreverente, irrespetuoso y ofensivo. Antes de que la bola se fuera del parque. Antes de anotar la carrera.

    Hemos sido consistentes en llamar la atención a los bailes de Curry, la soltada de bates de Puig y Harper, y el famoso gesto de José Bautista. Y hubiésemos colocado a Correa en esa lista, si acostumbrara estrujar la victoria al contrario.

   Estamos en los tiempos del postmodernismo, la era postindustrial y la generación de los partidarios del Regatón y el Trap. La generación del No me dejo, como la caracterizó el cantante René Pérez. Y no es extraño que los jóvenes sean hijos de su época, y esa época sufra el rechazo de otras épocas.

    Correa perdió la mitad de la temporada del 2019. ¿Sabrá Dios que números pudiera acumular si no hubiese perdido tantos encuentros? En 75 partidos conectó 21 cuadrangulares. Impulsó 59 carreras. Ver tantos juegos desde la banca, y haber tenido que regresar a las Ligas Menores para su recuperación, no es un logro.

   Por eso, creo que Correa celebra como un paciente que acaba de salir del hospital, o como el padre que acaba de ver nacer a su hijo. No creo que haya habido una tentativa de humillar al contrario, sino de hacer notar que está saludable, que está produciendo y que está comprometido con su causa. Con alta ética en su desempeño y conducta. De hecho, cuando conectó su segundo cuadrangular contra los Yankees, en el estadio del Bronx, su recorrido por las bases comenzó cuando hizo el contacto con la pelota. Y aunque levantó su brazo en señal de victoria, la celebración se realizó después de pisar el plato y llegar al dugout. Correa es un pelotero cristiano. Un cristiano no se burla de sus adversarios. Disfruta lo que hace con respeto, y celebra con gusto personal, deportivo y ético.

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