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El captador de imágenes

Reinaldo Millán

EL REGIONAL

redaccion@elregionalpr.com

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   Cuando José Luis Ortiz Resto vio la primera luz el 25 de mayo de 1939, de seguro fue un “flash” de una cámara de fotografiar.

     El hombre se ha pasado más de medio siglo tomando fotos de su querido Guayama, así como de diversas situaciones que han llegado a sus ojos.

    “Georgie”, como le dicen cariñosamente, esa doble acepción que tiene el puertorriqueño de hacer pequeño lo querido y de convertirlo al inglés,  ha sido testigo de la historia de Guayama, desde su niñez en la Joya de la Malagueta, donde se crió hasta estos días en los que la octava década de vida alumbra su visión longeva.

   “Yo me crié en la Joya de la Malagueta, donde tuvimos la oportunidad de crecer con mucha escasez de cosas materiales pero de mucha decencia, anduvimos descalzos pero no había complejos”, contó Ortiz Resto, quien una vez pensó ser atleta de pista y campo, pero durante un “field day”, se cayó en un evento de vallas, y hasta ahí llegaron sus sueños.

   Ortiz Resto admitió que se pasaba en el parque todo el tiempo, porque el deporte fue su pasión, los 110 con vallas su evento favorito, y su sueño de hacerse de una beca atlética en el famoso Poly de San Germán, se hizo sal y agua, tras la lesión.

    Pero eso no impidió que siguiera soñando, graduarse de la escuela superior Rafael López Landrón, decidió marcharse a Nueva York, donde cuenta que se hizo hombre. No es fácil la transición para un joven de un pueblo pequeño a la Gran Urbe. Pero regresó a su tierra natal luego de ocho años de entrenamiento vital en una fábrica de telas para encontrar en Guayama la pasión de su vida, la fotografía.

    “Yo he retratado a todo el que se ha casado en Guayama durante los pasados 50 años”, dijo entre risas y como cerrando los ojos para ver por dentro cada imagen que captó con sus lentes.

   Son muchas las cámaras que han pasado por sus manos, muchos los lentes, y muchas las bombillas para capturar cada imagen, no solo de bodas, bautismos, y encuentros familiares, así como deportivos, sino también detectivescos, ya que laboró para un abogado en la fotografía forense.

   “Trabajé para el licenciado Edwin Bello por unos veinte años, y pude hacer trabajo como de detective, ya que al licenciado no se le pasaba una, y me enviaba a tomar las fotos que pudieran servir para salvar a un cliente o una demanda. Fueron muchos los casos que ganó”, explicó Ortiz Resto.

   El fotógrafo de Guayama, como algunos le dicen, sabe que los pasados años no han sido fáciles para los profesionales al proliferar los teléfonos fotográficos que ayudan a captar imágenes a sus usuarios, pero sabe que en manos de inexpertos y aficionados, cada imagen saldrá incompleta y distorsionada, que difícilmente sea autenticada en un tribunal.

   “En mis años de fotógrafo para el licenciado las fotos tenían un sello de autenticidad porque una foto se puede arreglar, y se puede utilizar fraudulentamente. Por eso hay que tener mucho cuidado con las imágenes”, explicó Ortiz Resto, orgulloso padre del psicólogo Carlos Rubén Ortiz Damont y del enfermero Jorge Luis Ortiz Damont, procreados en su matrimonio con Nilda Rosa Damont.

   “Ella ha estado conmigo casi medio siglo, desde que nos casamos. Mes siento realizado como ser humano, como fotógrafo y como padre”, expresó Ortiz Resto, quien considera que el huracán María ha sido el peor desastre que ha visto.

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