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¿Cómo el sector de la educación debe hacer frente al consumo de alcohol, tabaco y drogas?

EL REGIONAL

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lL Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), publicó en marzo de 2017, un libro sobre buenas prácticas en educación en salud.

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En la misma observa que el consumo de sustancias psicoactivas comienza a menudo durante la adolescencia, siendo el alcohol, el tabaco y el cannabis las sustancias que con mayor frecuencia consumen los niños y adolescentes. ¿Sabe por qué algunos niños y jóvenes consumen sustancias psicoactivas? ¿Qué consecuencia tienen éstas para su salud, sus rendimientos escolares y sus vidas futuras? Por otra parte, ¿cómo el sector educativo debe y puede hacer frente al consumo de alcohol, tabaco y drogas?

El libro “Buenas políticas y prácticas en educación para la salud: Respuestas del sector de la educación frente al consumo de alcohol, tabaco y drogas”, se elaboróal final de un proceso de consulta internacional dirigido por la UNESCO en colaboración con la Oficina de las Naciones Unidas contre la Droga y el Delito (UNODC) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), miembros del Grupo de Trabajo Interinstitucional de las Naciones Unidas sobre la prevención y el control de las enfermedades no transmisibles. La publicación se encuentra ahora en francés, español y chino.

Globalmente, un promedio de un joven de 13 a 15 años de edad consumió alcohol en los 12 últimos meses – dos veces más que tabaco. El tabaco suele ser la primera sustancia consumida por los adolescentes, y uno de cada cuatro estudiantes de 13-15 años que ha fumado cigarrillos alguna vez lo ha hecho antes de los diez años. Los datos sobre el consumo actual de cannabis están disponibles en menos países, pero sigue siendo menos común que el consumo de alcohol y tabaco en general. La prevalencia del consumo de “éxtasis” entre los jóvenes es inferior al 1% en casi todos los países.

Se observa un aumento del consumo de estimulantes de tipo anfetamínico y de nuevas sustancias psicoactivas, aún cuando su prevalencia permanece relativamente baja. Las nuevas sustancias psicoactivas, consumidas en estado puro o preparadas, no reguladas por los convenios de las Naciones Unidas, circulan en el mercado bajo el nombre de ‘‘drogas de diseño’’, ‘‘euforizantes legales’’, ‘‘hierbas euforizantes’’, ‘‘sales de baño’’, ‘‘productos químicos de investigación’’ o ‘‘reactivos de laboratorio’’. Estas constituyen un peligro en particular porque algunos jóvenes las consideran menos nocivas que otras drogas porque están o han estado autorizadas. También son accesibles y se presentan en envases con una marca. Además de esto, en ciertos países, del 70 al 90% de las personas que se inyectan drogas comienzan a hacerlo antes de los 25 años de edad.

No existe una razón única que explique por qué algunos niños y jóvenes son más propensos que otros a comenzar a consumir sustancias psicoactivas – lo que podemos hacer es observar el conjunto de factores que pueden influir en el comportamiento de las personas. Los factores de riesgo a los que se expone un joven, o al contrario, los que le protegen del consumo de sustancias psicoactivas son, en gran medida, los mismos que le exponen a otros comportamientos problemáticos (tales como la violencia, la actividad delictiva, los comportamientos sexuales de alto riesgo y el fracaso escolar). El nivel global de riesgo o de protección en la vida de un menor de edad es un producto de la interrelación entre sus características personales y sus experiencias en las distintas esferas vitales. Por ejemplo, el desapego entre el niño y sus padres durante la infancia puede contribuir a la aparición de problemas tempranos de conducta, lo que a su vez afecta el rendimiento académico y la relación con sus compañeros. Por otro lado, la programación de prevención temprana en la escuela con base científica puede mejorar su capacidad para interactuar con los profesores y los compañeros, evitar más problemas de conducta y mejorar las relaciones con los padres.

El consumo de alcohol, tabaco y drogas comienza a menudo en la adolescencia. Este consumo está asociado a un conjunto de efectos nefastos para la salud mental y psíquica de los jóvenes, y su bienestar a corto o largo plazo. Vinculado a un conjunto de consecuencias negativos en el ámbito educativo, tales como la falta de motivación en la escuela, el fracaso escolar o el abandono de los estudios, tiene un impacto en los esfuerzos que lleva a cabo el sector de la educación para garantizar una educación de calidad inclusiva y equitativa para todos, así como en la consecución de la Agenda mundial 2030 para el desarrollo sostenible. El sector de la educación tiene, por consiguiente, la responsabilidad fundamental de proteger a los niños y a los jóvenes del consumo de sustancias psicoactivas.

Por su parte, las escuelas deben desempeñar un papel clave al velar por que los niños y adquieran los conocimientos, capacidades y comportamientos necesarios para decidir no consumir sustancias psicoactivas, y por que dispongan de las oportunidades y los medios necesarios para hacerlo.

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