Columnas

Cómo ayudar a los niños a superar el egoentrismo

Dra. Damalin Judith Díaz Suárez

Especialista en Niños con Problemas de Aprendizaje

  Aunque el egocentrismo forma parte del curso normal del desarrollo infantil, es algo muy característico en ellos, desde fases tempranas los adultos debemos enseñarles que compartir es importante y beneficioso, ya que ayuda a la socialización y a crear vínculos efectivos.

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  Como padres has oído muchas veces decir de  tus hijos “¡Esto es mío! ¡No quiero jugar contigo! ¡Vete! La mayoría de las veces a los niños nos les gusta compartir, defendiendo lo que consideran que es suyo y enfadándose por tener o querer  lo que otros niños no le permite.   

  El niño es egoísta por naturaleza y no nos debe extrañar o preocupar que quiera lo suyo y lo de los demás, lo que no significa que sea incapaz de aprender a ser generoso. Los padres debemos ayudar al niño a superar paulatinamente su egocentrismo para que pueda desarrollar las habilidades sociales que le ayudarán a adaptarse de forma progresiva a la vida en común, tanto de la familia, la escuela o su grupo de iguales. Los adultos debemos servir de modelo. Debemos demostrar a los niños que compartir con los demás nos enriquece y que disfrutamos con ello. 

  Podemos enumerar con ellos las ventajas que tiene el  compartir con los demas, sin olvidar en la lista el hecho de que si nosotros compartimos, tendremos más posibilidades de que los demás también compartan con nosotros.  Antes de los tres años, los niños no tienen la capacidad para entender el concepto de compartir, por lo que no tiene sentido obligarles a hacerlo. Sin embargo, sí debemos favorecer en la medida posible los juegos cooperativos y reforzarlos (por ejemplo, con un halago o una sonrisa) cualquier conducta cooperativa espontanea. 

  Enseñarles a diferenciar que hay cosas que son suyas y cosas que son de todos y que por tanto habrá ocasiones en que deben compartir aunque no quieran, para que entiendan que no pueden disponer de todo aquello que se le antoje y que los demás también tienen derecho a utilizar ciertas cosas. En estos casos en que compartir sea algo obligado, es necesario mantenerse firmes y no ceder ante las posibles rabietas o pataletas que presenten.  Permitirles tener algún juguete ‘especial’, que nunca le obligaremos a prestar a los demás, ya que todos, incluso los adultos, tenemos pertenencias que nunca compartimos con otras personas. Así, cuando sepas que va a encontrarse en alguna situación en la que sería bueno que comparta, pregúntale explícitamente qué juguete quiere llevarse para compartir con otros niños, es decir, pregúntale cuál no le importa prestar a los demás para que le cueste menos llevar a cabo este tipo de conductas.

face-1370955_1920  Cómo encauzar el egoísmo de los niños: Reconocer que también existen los demás sin perder la propia identidad es una tarea intelectual que un niño de 2-3 años todavía no puede entender. Es un aprendizaje lento y progresivo cuyas claves no empezará a descifrar hasta los 6 años. Hasta que no pueda comprender realmente los valores que rigen su sociedad no podrá comportarse de acuerdo a ellos. Pero no es conveniente esperar tanto: hay que procurarle cuanto antes muchos contactos sociales y guiarlo para que aprenda a convivir y a compartir.

  Cuando los niños gritan con pataletas “¡es mío!” Es una expresión que indica que no le gusta que le priven de algo que él considera suyo y a estas edades es una situación bastante frecuente ya que todo había girado en torno a él y a partir de ahora deberá aprender a compartir.  Lo primero es ayudarle a distinguir entre lo suyo y lo que no lo es, marcando, por ejemplo, sus cosas con una señal y haciéndole ver también que hay cosas que son de todos y que hay que cuidarlas y dejarlas en su sitio cuando se terminen de usar.

  El siguiente paso sería enseñarle a intercambiar sus juguetes, que acepte prestar la pelota a cambio del cubo y la pala. Por último, aprenderá a regalar: haciéndole ver que dicha acción hace sentir mejor a los demás, interiorizará la grandeza de ser generoso y, lo más importante, a disfrutar con ello. Ser generosos significa compartir voluntariamente lo que uno tiene: pertenencias materiales, tiempo, sentimientos, experiencias. Pero significa también aprender a recibir. Para poder compartir es importante aprender a apreciar el valor de lo que poseemos.

  Consejos para ayudar al niño a superar el egoísmo: •Déjale muy claro lo que es suyo, lo que es de todos, lo que no se puede tocar. Hazle ver las ventajas de compartir: es más divertido jugar todos con todos los juguetes que cada uno solo con el suyo. •Establece turnos claros y justos para evitar conflictos. Sugiérele distintos modos de compartir (intercambiar juguetes, prestar libros, etc.). Déjale que se esfuerce: permite que de cuando en cuando tenga iniciativas generosas; más adelante, podrá hacer algún regalo con el dinero que ahorre. En las ocasiones en las que ustedes estén compartiendo con otros, aprovecha y explícale lo que estás haciendo y lo contentos que usted se siente al hacerlo. 

  Aprovecha la ocasión en las que estés recogiendo y desechando los juguetes que tu hijo ya no usa y que estén en buenas condiciones, para que el niño elija juguetes en buen estado y pueda obsequiar a otros niños que quizás no tengan su suerte. Cuando le cueste compartir, recuérdale lo contentos que se pondrán los demás y lo bien que te sentirás tú al saber que él va a disfrutar. • Hazle saber si estás colaborando en labores sociales, formativas o benéficas Proponle “encargos” para favorecer que salga de su egocentrismo y se entregue a los demás aprendiendo a valorar y a compartir su tiempo y su esfuerzo. • Ten constancia a la hora de fomentar su generosidad, aunque parezca que no se avanza nada. Será mucho más fácil conseguir que el niño comparta si ve en dichas personas un buen ejemplo a seguir. En este sentido, un ambiente de generosidad en la familia será un modelo muy adecuado para el niño porque interiorizará esta virtud sin que sus padres tengan la sensación de estar enseñándola. Si los padres sonríen o agradecen con entusiasmo las pequeñas iniciativas de sus hijos en este sentido, los estarán motivando a seguir teniéndolas, con ellos mismos en un primer momento y con los demás después.

  Hay que valorar cualquier pequeño esfuerzo, aunque en principio pueda parecer insuficiente. Podemos estimular su empatía haciéndoles ver que si comparten con otros niños, todos jugarán felices, mientras que uno se quedará triste si no se comparte. Como adultos hay que dar ejemplo y ser coherentes entre lo que decimos y lo que hacemos: si queremos que nuestros niños aprendan la importancia que tiene compartir, nosotros debemos saber compartir también y hacerlo delante de ellos para dar buen ejemplo. No esperes comenzar a enseñarles a compartir en la escuela, comienza desde tu casa y desde temprana edad.

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