Deportes

BÉISBOL “PROFESIONAL” CADÁVER INSEPULTO (Primero de Tres)

Por José “Pepén” Fernández Colón

Para EL REGIONAL

    Aunque ya no existen deportes profesionales ni aficionados localmente se insiste en llamar el torneo de la Liga Roberto Clemente “béisbol profesional”. Desde 1992, mundialmente, solo hay deportes para participantes que son elegibles.

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    Los que llaman a este tipo de béisbol como “profesional” no acaban de explicar si es porque sus participantes cobran por jugar, o es que ejecutan como tal, o en el mejor y poco de los casos lo son por las dos razones.

    Los que dirigen, promueven e insisten en llamarlo de forma obsolescente “béisbol profesional” parecerían que no quieren aceptar que el mismo desde hace tres torneos es un cadáver insepulto.

    Desde el torneo de 2012-13, el que fuera desde 1938 el primer deporte del País, cayó en estado de coma falleciendo en la temporada de 2015-16. Aun así han insistido en celebrar torneos que a muy pocos les interesa.

    Con mucha propaganda y apoyo de los programas deportivos radiales y las páginas de los periódicos que se publican en San Juan se inició el torneo de 2019-20.

    Luego de la inauguración, a la cual asistieron varios miles de personas, en el resto de la temporada las asistencias de público a los estadios ha sido bien baja. Tan bajas que el propietario de Manatí admitió públicamente que el promedio de asistentes por juego al Pedro Román Meléndez en el Atenas de Puerto Rico era de 50 aficionados.

    Si usted revisa los records de asistencia a los juegos del béisbol AA en Manatí en la pasada década los mismos superan por 10 veces 50 por juego la de la Liga Roberto Clemente. Podría argumentarse que se juega de día pero nadie puede negar que allí la pelota AA es la imperante.

    Si observamos con objetividad, la misma situación por varias temporadas sucede con las asistencias al estadio Roberto Clemente de Carolina. Allí, aún permitiendo la entrada libre de pago, solo un puñado de carolinenses asiste al estadio.                

    Aun en Mayagüez, donde el béisbol es casi religión, es escaza la asistencia para ver a los Indios de Gabriel Castro jugar. En la capital es peor. Caguas en los últimos años, menos este, es el que ha llevado más asistencia al casi inexistente, por causa del huracán María, estadio Solá Morales.      

    Los aficionados a este tipo de béisbol en Ponce, San Juan y Carolina se alejaron de los parques lo que provocaron mudanza de equipo y la adquisición de algunos por los alcaldes de Carolina y Mayagüez.

    La Familia Muñoz Bermúdez, alegando pérdidas económicas en la operación de su equipo Leones de Ponce, luego de concluida la temporada 2012-13 optaron por traspasarle la franquicia al ex presidente de la Federación de Béisbol Israel Roldán para operarla en Aguadilla.

    Todos sabemos el desastre que resultó dicha operación en el pueblo donde hay tradición beisbolera. Si comparamos el apoyo del público a la otrora franquicia de Ponce con la de los Tiburones en el béisbol AA vemos que la pelota federativa tiene mayor arraigo.

    El alcalde de San Juan Jorge Santini, a pesas de las críticas que recibió, rehusó hacer lo mismo que sus homólogos de Carolina y Mayagüez.

    ¿Por qué esta pelota murió? ¿Cuáles fueron las razones para esa muerte? ¿Por qué los alcaldes de Carolina y Mayagüez se hicieron cargos de lo económico? ¿Por qué son tan “generosos” los dueños de los actuales equipos que han estado dispuestos a “perder” dinero en esta operación? ¿Qué interés tiene en todo esto MLB? En el próximo escrito responderemos esas interrogantes. JFC

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